domingo, 21 de marzo de 2010

Fucvam es escudo de una deuda incobrable.

Cooperativas. No quieren quedar fuera del Plan de Impacto Habitacional del gobierno.

Todo comenzó con una simple reunión entre compañeros, un domingo a la mañana hace 40 años. Esas "asambleas domingueras" fueron el génesis de una de las deudas más grandes que hasta hoy arrastra el Estado uruguayo. Durante los últimos 40 años la manera más accesible y práctica que tuvieron las familias de ingresos medios y bajos para acceder a una vivienda fue el sistema de cooperativas de ayuda mutua, pero en los próximos años podría dejar de serlo. La problemática habitacional encabeza la lista de prioridades del nuevo gobierno y fue tildada de "emergencia nacional". Para esto José Mujica y su equipo de trabajo tienen pensado desarrollar el denominado Plan de Impacto Habitacional (PIH), que será ejecutado desde la órbita de la Administración Central (específicamente desde el futuro Ministerio de Presidencia), y no desde el Ministerio de Vivienda, de la misma manera en que el Latu ejecutó el Plan Ceibal por un sendero paralelo al Ministerio de Educación y Cultura y la ANEP.
Ser parte.
Ante esta situación en la que todas las luces del escenario de la política de vivienda apuntan hacia el auspicioso PHI, el sindicato de cooperativistas Fucvam y sus pretensiones podrían quedar desplazados a un segundo plano. Sin embargo, la mayor y más activa organización social uruguaya en el campo de la vivienda no está dispuesta a permitir que le arrebaten el papel protagónico tan fácilmente. Con inteligencia, sin pararse en el lugar del "grupo problemático", Fucvam desarrolló una idea para no quedar afuera del nuevo guión: lanzó el programa "Mil baldes y mil cucharas". "Con mil baldes y mil cucharas de albañil Fucvam abre una cuenta en su sede para que miles de uruguayos depositen estas herramientas para colaborar en el Plan de Impacto Habitacional que surgirá a partir de un decreto que definirá al Uruguay como Estado de Emergencia en materia habitacional", reza la presentación de la iniciativa en la web de Fucvam. El ex ministro de Vivienda, Carlos Colacce, que tuvo que negociar ante las presiones de Fucvam (entre ellas una huelga de hambre reclamando más créditos) a lo largo de todo su mandato, contó que ese fue uno de los puntos que más se reiteró en las discusiones con los dirigentes de la federación. "A veces a ellos les cuesta entender que el cooperativismo no es la única vía para solucionar los problemas de vivienda, sino que se trata de dar un abanico de opciones, dentro de las cuales las cooperativas de ayuda mutua son una más, y no necesariamente la principal", expresó el ex titular de la cartera ministerial.
Ladrillo fuerte.
Lejos de dedicarse exclusivamente a poner un ladrillo sobre el otro, Fucvam fue tomando protagonismo en otros ámbitos, ganando ascendencia social e incluso llegó a incidir en la legislación nacional, cuando llevó adelante la embestida que logró juntar 330.000 firmas para derogar la Ley de la Propiedad Horizontal. Con el paso del tiempo Fucvam desarrolló peso político y participa activamente de las grandes movilizaciones de la izquierda casi en pie de igualdad con organizaciones como el Pit-Cnt en temáticas que no refieren solamente a sus fines sociales característicos, en especial en temas referidos a los derechos humanos. En su conducción prevalecen los sectores más ortodoxos de la izquierda, con prevalencia de militancia del MPP y el Partido Comunista. La participación activa de la principal federación cooperativista del Uruguay en el PIH no supondría mayores contratiempos si sus integrantes (más de 350 cooperativas de vivienda), no fueran responsables de una de las deudas más grandes que el Estado uruguayo arrastra hace más de 30 años. Una deuda que nadie cuantifica. Fucvam se inició en 1970 y cuatro años después apareció la primera deuda con el BHU. En aquella época los préstamos para las cooperativas de ayuda mutua eran otorgados por el Hipotecario, generalmente a 30 años, en Unidades Reajustables y con un interés del 3% anual (mejores condiciones que para un particular, quien como máximo podía acceder a un crédito a 25 años, a un interés del 5%). A partir de 1990, con la creación del Ministerio de Vivienda, los créditos para las cooperativas pasaron a depender de esa secretaría de Estado. Año a año el Ministerio fue otorgando préstamos a través del Banco Hipotecario y miles de familias pudieron construir sus casas mediante el sistema de autogestión y ayuda mutua.
Ya está pagado.
En 2006, un comunicado del Ministerio de Vivienda evidenció el conflicto que Fucvam mantenía con el gobierno por el incumplimiento del pago de las cuotas de los préstamos. Ese mismo año el semanario Brecha publicó un artículo que aseguraba que el conflicto había comenzado en el año 2000 a partir de un estudio realizado por el economista Daniel Olesker (actual Ministro de Salud Pública). Ese informe afirmaba que se habían aplicado intereses abusivos (por resoluciones de aumento tomadas durante la dictadura) y que la revaluación que había experimentado la UR implicaba que el valor de las viviendas ya estaba pagado, considerando indicadores como su valor en el mercado, o su equivalente en horas de trabajo. Tras el estudio del economista, la Asamblea Nacional de Fucvam entendió que muchas de las cooperativas que estaban abonando cuotas, en algunos casos desde hacía más de dos décadas, ya habían amortizado los préstamos. Y decidieron dejar de pagar. Así entonces, la deuda de las cooperativas nucleadas en Fucvam se divide en dos: la que generaron con créditos del BHU (construidas antes de 1990) y la que generaron con el Ministerio. En el primer caso, la deuda tiene dos orígenes: los problemas financieros (los cooperativistas no pueden pagar la cuota y la cooperativa entera no puede pagarle al banco) y los gremiales, generados a partir de 2002, cuando Fucvam determinó que estas cooperativas sólo pagarían el 50% de la cuota, por entender que los intereses eran abusivos. En el segundo caso (el de las cooperativas que se financiaron a través del Ministerio), la deuda se generó únicamente por dificultades financieras (por ejemplo, cuando un usuario se queda sin trabajo y no puede afrontar el costo de la cuota). En octubre de 2008, Fucvam y el Ministerio de Vivienda firmaron un acuerdo por el que las cooperativas se comprometieron a regularizar el sistema de pagos y el Ministerio a restablecer las inversiones en política habitacional, particularmente en el sistema cooperativo. La Agencia Nacional de Vivienda es la encargada de gestionar el acuerdo.
Plata quemada.
El monto de la deuda de las cooperativas afiliadas a Fucvam no está claramente identificado en la actualidad. Desde la Agencia Nacional de Vivienda se informó que no hay una cifra global, sino que las deudas se estudian caso a caso y cooperativa por cooperativa. Según datos que la ex presidenta del BHU Graciela Pérez Montero le proporcionó al semanario Búsqueda en 2004, la deuda total de las cooperativas con el BHU era de US$ 243,9 millones en ese entonces. De ese monto, US$ 160,2 millones correspondía a deudas de cooperativas de ayuda mutua (Fucvam) y US$ 83,7 millones a pasivos de cooperativas de ahorro y préstamo. La ex jerarca también precisó en aquel entonces que la mayor parte de esa cartera de créditos poseía más de 24 meses de atraso. Hoy en día ninguna de esas deudas se redujo, sino que se incrementaron por el aumento del cese de pagos y por los recargos que se aplican a cuotas que tienen, en algunos casos, 96 meses (ocho años) de atraso. "A lo largo de los 20 años que el Ministerio ha financiado la construcción de cooperativas de vivienda, nunca se registró una que pagara las cuotas como estaba acordado previamente. Todas, absolutamente todas las cooperativas nucleadas en Fucvam deben dinero", afirmó un informante de la Agencia Nacional de Vivienda vinculado al departamento que gestiona la ejecución de las deudas de las cooperativas. El acuerdo de octubre de 2008 estableció que las cooperativas de ayuda mutua (Fucvam), la Federación de Cooperativas de Vivienda (Fecovi) y la unión de Cooperativas de Viviendas de Producción (Covipro) accederían a beneficios y subsidios si retomaban el pago de las cuotas. A la deuda por servicios impagos se le aplicaría una quita del 40% y el saldo restante (colgamento) se trasladaría en forma de partida exigible al final del período, es decir, se refinanciaría una vez que terminaran de pagar el préstamo del banco. Si después de todos estos beneficios, un usuario demuestra que no puede pagar la cuota estipulada, tiene la posibilidad de solicitarle un subsidio al Ministerio de Vivienda para que éste se haga cargo del monto que exceda el 25% de los ingresos de la familia. Según información brindada por la ANV, desde que el acuerdo se estableció, los usuarios de Covipro y Fecovi regularizaron su deuda y comenzaron a pagar sus cuentas como estaba establecido. Sin embargo, "de los cientos de cooperativas de Fucvam que tenemos en carpeta sólo vinieron tres", dijo la fuente que pidió el anonimato. Lo cierto es que Fucvam goza de una especie de "escudo", afirmó el informante de la ANV, "Nunca pagaron y nunca nos van a pagar, porque saben que aunque los amenacen, el Estado nunca va a rematar una propiedad colectiva en la que viven ancianos, niños y familias".
Nuevos préstamos.
En 2009 el Ministerio de Vivienda otorgó 14 préstamos para la construcción de cooperativas de viviendas afiliadas a Fuvcam que involucraban a unas 800 familias. Los préstamos se otorgan calculando que construir una vivienda cuesta US$ 35.000. Solo en 2009, el Estado le dio US$ 28 millones a cooperativas de Fucvam para que comenzaran a construir. El presidente de Fucvam, Fernando Zerboni recordó: "Las administraciones anteriores crearon unas 1.500 soluciones habitacionales por período, mientras que en la última fueron unas 2.500 a lo largo de los 5 años". Dijo que entre 2005 y 2009 "se otorgaron préstamos para unas 2.400 viviendas".
Discutido precio de la vivienda
Para Fucvam, "se debe rediscutir es el tema del valor de la vivienda que se construye como de interés social", dijo el presidente de la gremial, Fernando Zerboni. Considera que "una vivienda de interés social con dos dormitorios (duplex) ronde las 2 mil UR (unos $ 920.000 o US$ 47.000), no es real". Sostiene que Fucvam ha construido "desde hace 40 años por mucho menos". "Cuando se fijaron esos valores se tomó en cuenta la experiencia de las empresas y no la de las organizaciones sociales" en este caso, de las cooperativas, señaló el titular de Fucvam.
El PIH es parte de un plan de vivienda
Para Fucvam, los planes de vivienda cooperativos son complementarios y no competitivos con el Plan de Impacto Habitacional. El gremio propuso un plan nacional de vivienda que incluye regularización de asentamientos, mejora de viviendas precarias, políticas de alquileres, combate a los terrenos baldíos y construcción de viviendas nuevas. "Creemos que la parte del Plan de Impacto abarca una sola problemática, que es el mejoramiento de la vivienda precaria. Eso está bien en la medida que, además, se mantenga una política habitacional que impulse la creación de vivienda nueva", señaló el presidente de Fucvam, Fernando Zerboni.

Informe elaborado por D. FERREIRA/ R. MERNIES

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